La orden judicial para abrir la fosa de Lorca llega a Granada

Después de 72 años y dos meses, los restos del poeta y dramaturgo español más universal parecen alejarse del borde de un camino. La orden del juez Baltasar Garzón de exhumar los restos de Dióscoro Galindo y de Francisco Galadí, enterrados junto a Federico García Lorca, llegó este viernes al Decanato de Granada, que eligió el juzgado de Instrucción número 2 para llevar a cabo la exhumación. El antropólogo de la Universidad de Granada Miguel Botella fue avisado. “El problema para hacerlo los próximos días será la lluvia”, comenta.

El fabuloso misterio del paradero del cuerpo del poeta llega a su fin. El relato del enterrador, Manuel Castilla, que condujo al mismo lugar en un espacio de 10 años a dos historiadores que nunca se conocieron entre sí
-Agustín Penón e Ian Gibson-, es la principal fuente de la que parte la investigación.

Una publicación posterior de Eduardo Molina Fajardo decía que esa localización no era cierta. Sin embargo, Gibson, “con la mano en el corazón”, cree que no mentía. “Me abrió la puerta, no me conocía de nada y me llevó al lugar sin tener por qué hacerlo”, recuerda.

El juez Garzón recuerda en el exhorto enviado a Granada las siete condiciones de la apertura de la fosa, obligadas para garantizar el rigor científico de la operación y la privacidad de las familias afectadas. “Entiendo perfectamente a la familia Lorca y trabajaremos manteniendo la intimidad, pero con total transparencia”, aseguraba ayer Botella.
Oposición familiar

La privacidad ha sido una de las trabas que los descendientes del autor de Poeta en Nueva York han puesto a la investigación. Sin embargo, en un comunicado conjunto de los seis herederos en respuesta a la investigación abierta por Garzón contra los crímenes del franquismo, dieron un giro radical a su postura inicial y acordaron no poner pegas a las decisiones judiciales.

Solventada esa oposición, con orden judicial mediante, sólo la lluvia que caerá los próximos días en Granada retrasa ahora la recuperación de los restos del mayor símbolo de la represión. “Buscaremos dónde se ha movido la tierra. Después, pondremos una carpa para proteger la zona de la vista. Los huesos puede que no estén en buen estado”, explica Botella.

Fuente: Público

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